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Un emotivo poema dedicado a un perro, que yo dedico también a mi perrita Vilma

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ACABO DE ESCUCHAR QUE VAMOS BIEN

Acabo de escuchar que vamos bien
y una caña me cuesta
más de doscientas diez pesetas.

La esperanza de vida está cerca de ochenta
y José Luis ha muerto con sesenta y cinco
(qué poca esperanza me da esa esperanza).

Cuando dormíamos poco en la cama
tú me ponías dos, tres, cuatro,
alguna vez, cinco estrellas.
Ahora duermo menos
y ya no hay luminarias.
En lugar de condones llevo un pastillero.

¡Hay que joderse, qué bien vamos!
lo dicen en la radio,
ellos sabrán por qué lo dicen.

PEDRADAS

Siento pedradas en la frente camino de la costa,
quiero  llegar al mar y sus infinitas vías de escape.
La sangre se  derrama veloz sobre mis ojos
y  me impide la vista del sendero hasta el rompiente de las olas.
Huele a sargazo y a sal recién vertida,
hay un ruido de agua que escapa en los canchales,
piedras que rompen con odio los pasos y las dunas.
Es peligroso marchar hacia la costa,
mirar detrás del arenal.
Hay que llegar por fin al mar,
posar la huida en la corriente y las cálidas aguas
que se ofrecen a llevarnos al océano.

¡QUE ESTAMOS EN EL MONTE!

Me es grato constatar que aún quedan periódicos, -aunque sean locales- como el de El Espinar, que son imparciales en sus contenidos. Me han publicado en su número 190 de septiembre el artículo que escribí en este blog. Señalar también que aunque no haya sido por mi artículo, de momento ha sido desestimado en un Pleno del Ayuntamiento la construcción del macropolígono industrial.


POEMA NOCHE DE SABADO

NOCHE DE SABADO

Llamaste a tus amigos, les dijiste
hoy mis padres no están, veniros a mi casa
podemos ver el fútbol. Traeros a las chicas
y algo para beber que no sea casera .
Con la música a tope, preparaste una mezcla explosiva
y llenaste las copas hasta el borde.
Brindasteis por la vida, por vuestra juventud
por el amor las chicas, por el futbol.
¡Que seria sin ellas!-dijo Raúl (que me lo conto todo).
Esa noche jugaba Holanda con Brasil que perdió por dos uno.
Cuando volvimos , el domingo ya tarde, todo estaba tranquilo
tú dormías y le dije a papá-aquí no pasó nada-.
Fue un domingo después, cuando saqué el mantel de los días de fiesta,
otra vez me dejaste una pista ¡ mira que te lo tengo dicho!
Ese día comiste sin hablar, se te cayó el tenedor al suelo
y continuamente te metías el pelo por detrás de la oreja,
de pronto me miraste, yo te miré, nos dio la risa tonta.
En la tele noticias “esta tarde no se esperan precipitaciones”.

LA CUMBRE

Los besos en los sótanos
se apagaron pronto
casi al tiempo que el primero.

Del otro lado de la cumbre
los libros se llevaron
tu tiempo, el mío.

A punto de humillarme
desdeñaste mi despensa
tu vanidad protagonista.

No me duelen las horas
el fracaso
ni siquiera la burla, sólo
el alto precio de la intimidad.

DUDAR

Dudar    funambulistas

siempre al borde

mantenernos en el temblor
de los instantes

salvarnos cada día

pisar sobre un terreno sin raíces
saber que los inviernos caducan con sus hojas
que algunas cosas caen inertes en sí mismas

y resistir perennes
a punto de rompernos.

BOMBAS DE NIEVE, ROCÍO DESTRUIDO

(FERROCARRIL POSTDAM-BERLÍN, 13:45 H.

        11 DE ABRIL DE 2007)

Cómo pudo una hoja atreverse
a través del cristal, aquella tarde de Postdam.
Las nubes pesan,
alzan sus nombres,
se calzan sus oídos.

(Oye, cae una pizca de bruma)

Y hay frío, titanes en los miedos
por silencios y tabiques.
Creen que han rozado el bunker nuestros besos,
sus bombas han dañado nuestros nombres.

Y ahora me sorprendo en esas calles contigo
y ahora la voz va soltándose.

Los trenes llegan,
es el momento de huir a la estación que perdimos.
No sólo callan lo que dicen.
Ahora una herida los delata.

Y ha caído la noche.
Despiertas en los trenes de ahora,
velocidad que hay en tus ojos.

NUMERO DE MÓVIL

Te encontré
en un paso de cebra una mañana fría.
Tan alto como siempre, tan erguido y con el pelo blanco,
te sonreíste al verme, nos miramos
y supe que algo de ti quedaba en mi memoria.
Me dijiste
que vivías en Cuenca,
que estabas jubilado,
que pasabas las tardes en el café Colón echando la partida,
que los días de fiesta montabas a caballo
-como siempre-
que compartías piso con un dogo alemán que se llamaba Siro
y que de vez en cuando “jugabas a las damas”.
Yo te dije
que vivía en Madrid,
que seguía pisando las hojas del otoño
que iba a misa de doce los domingos
-como siempre-
que solo me faltaba plantar un abedul
y que a pesar del tiempo seguía empeñada en ser poeta.
Me dijiste
llámame cualquier día.

Y he guardado tu número de móvil.

HAITÍ, HAITÍ

Esperanza exhausta
Gritos congelados
Manos abiertas como espigas
Lluvia de hambre y sed
Rezos a dioses indignos

Algunos niños corren y juegan

                                     como antes